martes, 13 de octubre de 2009

“Soberanía”, sí, para seguirnos extorsionando

Interludio
Román Revueltas Retes
2009-10-12•Al Frente

Luz y Fuerza del Centro es la más acabada expresión del corporativismo alentado por el antiguo régimen: empresa esencialmente improductiva porque no debe rendir cuentas a nadie sino a sus propios empleados, madriguera de trabajadores inamovibles por más haraganes o displicentes que puedan ser y espacio natural para la consumación de escandalosas corruptelas pero, eso sí, anterior semillero de votos garantizados a un partido oficial, el tricolor, que parece hoy desentenderse enteramente del papel que jugó al fabricar parecidos engendros.
Naturalmente, para el Sindicato Mexicano de Electricistas la liquidación de la empresa paraestatal “perpetra una puñalada trapera al Patrimonio Nacional, a la Soberanía e Independencia Nacionales” [tan tremendos palabros con mayúsculas, desde luego]. O sea, que el consumidor indefenso al que le llega, de la noche a la mañana, una factura de 12 mil pesos que debe pagar inexorablemente porque LFC tiene la facultad de trasportarlo directamente a la Edad Media dejándolo —a él y a su familia— sin electricidad (sin luz, sin corriente para mirar la tele, usar la computadora o mantener fríos los víveres del refrigerador), ese consumidor, repito, no sólo debe seguir agachando la cabeza ante un abuso de ese tamaño y apoquinando un cobro a todas luces injusto y arbitrario con la plata que no tiene sino, encima, seguir afrontando el insufrible maltrato de burócratas majaderos al intentar gestionar, en unas piojosas oficinas de “atención” (es un decir) al público, una solución a su problema.
¿Qué diablos tiene que ver esta extorsión con el “Patrimonio Nacional”, la “Soberanía” y la “Independencia Nacionales”? Y, por favor, ¿por qué razón debemos todos los ciudadanos de este país, incluyendo aquellos que no padecemos el infortunio de tener que usar el “servicio” de una compañía tan mala, solventarle, con dinero de nuestros bolsillos, 42 mil millones de pesos al año para que no pueda siquiera aumentar su capacidad de generación y proveer de energía a nuevos usuarios, para que malgaste sus recursos en canonjías y privilegios exigidos perentoriamente por sus mimados trabajadores y para que dilapide de manera criminal, ahí sí, el patrimonio de los mexicanos?
Pero, sobre todo, ¿cuándo fue que todos nosotros, los ciudadanos de este país, nos volvimos tan imbéciles como para que cualquier lidercillo abusivo y envilecido nos acojone con el espantajo de que la “soberanía nacional”, “el patrimonio (nacional)” y la “independencia (nacional)” están en peligro porque un responsable político decide, por fin y de una buena vez, fajarse los pantalones y limpiar la casa?

revueltas@mac.com

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