miércoles, 14 de octubre de 2009

Sindicatos improductivos

Día con día
Héctor Aguilar Camín
2009-10-14•Al Frente

El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) fue en su tiempo la vanguardia sindical de México. El primer sindicato que firmó en este país un contrato por normas de trabajo, es decir, que alguien era contratado para un trabajo determinado y no para lo que se ocurriera al patrón, como era en todas partes.
No perdió año sin ganar algo en su negociación del contrato colectivo y su mismo trabajo fue parte de una épica mal contada hasta hoy: la electrificación de México.
Hemos asistido en los últimos días a un desenlace contrario al origen. Aquel sindicato de la vanguardia del trabajo y la modernidad sindical, terminó siendo el ejemplo de un sindicato caro, improductivo y conservador.
Durante sus años de improductividad, expresión cabal de una empresa mala, en liquidación desde 1974, rescatada en los años 90 como pago de servicios electorales al sindicato, el SME no dejó de sumar cada año nuevas conquistas a su contrato colectivo de trabajo.
La paradoja es que con cada conquista contraria a la productividad, los trabajadores del SME cavaban la tumba de su empresa y, con ella, la de su fuente de trabajo.
Cada conquista desprotegía en lugar de fortalecer su condición laboral, porque iba dejando huecos insostenibles en la empresa. Las cosas costaban ahí tres veces lo que en la otra empresa eléctrica del Estado. Y cada conquista del sindicato aumentaba los costos y echaba otra paletada de tierra sobre su fuente de trabajo.
Llegaron a tener el mejor contrato colectivo en la peor empresa pública del país: un contrasentido que les cobró el peaje completo con la liquidación de la empresa.
Algo parecido a esto —conquistas laborales contrarias a la productividad— sucede en todos los sindicatos públicos mexicanos. Son sindicatos que protegen el trabajo al punto de inmovilizarlo y atentar contra él. Este es el acto de corrupción fundador, el origen de todos los otros. Erigir la divisa: aquí se puede trabajar menos cada vez y cobrar más cada vez.
Sindicatos contrarios al trabajo. Sindicatos que acumulan conquistas laborales mientras empeoran la calidad de su trabajo y el lugar donde trabajan.
¿Es posible otra cosa? Hay un ejemplo vivo de que sí. El sindicato de telefonistas fue capaz de hacer su conversión histórica del sindicalismo improductivo de la empresa telefónica de otros tiempos, a la productividad y la modernidad incuestionables de la empresa telefónica de hoy.

acamin@milenio.com

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